Viernes, 1 de enero de 2021

ESTUDIO BÍBLICO #60 – VIERNES, 1 DE ENERO DE 2021

TEMA: DESPOJÁNDONOS DEL PESO DEL PECADO

Dr. William Soto Santiago

Viernes, 9 de julio de 1999

Chiclayo, Lambayeque, Perú

Escritura base: Hebreos 12:1-2

LIBRO DE LOS SELLOS

Dios en simplicidad – Pág. 49

Rev. William M. Branham

193. Ahora, el hombre antes de haber pecado (ya en conclusión, por favor no dejen pasar esto). Cuando el hombre pecó se separó de Dios y allí cruzó el gran abismo colocándose con la muerte de este lado; se vino y no había manera de regresar. Exactamente. No había manera de regresar. Pero cuando esto sucedió, Dios entonces aceptó un sustituto, un cordero, de las cabras u ovejas o algo parecido – de sangre, de lo cual habló Abel del otro lado del abismo. De aquel lado él es un hijo de Dios, un descendiente de Dios, un coheredero de la Tierra; podía en esta capacidad hasta controlar la naturaleza, podía hablar algo y esto venir a existencia, pues era un creador porque era prole de Dios. Pero cuando cruzó el abismo entonces echó a perder su estado de hijo, es ahora un pecador por naturaleza, está bajo las manos y el dominio de Satanás. Luego Dios tomó un sacrificio, la química de la sangre; pero la sangre de machos cabríos y de becerros no borró el pecado, únicamente lo cubrió. Si yo tengo una mancha roja en la mano y la cubro con un paño blanco, la mancha todavía está, sí. Pero Dios envió del Cielo un Cloro para el pecado por medio de la Sangre de Su propio Hijo. Y cuando nuestros pecados confesados son echados al cloro de Dios, trate usted entonces de hallarlos. El color del pecado regresa a través de los mediadores y a través del tiempo, hasta llegar al mismo acusador, Satanás, y allí permanece hasta el día del juicio.

194. Y ¿qué sucede con el hijo? Él llega de nuevo a un compañerismo con el Padre, parado con Él del otro lado del abismo sin ningún recuerdo del pecado en su contra, la mancha de ninguna manera se hallará en el cloro. Él entonces está libre. ¡Aleluya! Es igual como la tinta, jamás puede volver a ser tinta, porque ha sido quebrantada y regresada a su origen; cuando el pecado confesado ha sido confesado y metido… Cuando un hombre o mujer ha sido metido y sacado de la Sangre de Jesucristo, eso arresta todos los síntomas del pecado; y las moléculas regresan al diablo y allí permanecen sobre él hasta el día del juicio cuando será echado al lago de fuego como su destino eterno; entonces el abismo es cerrado y jamás será recordado; el hombre entonces se encuentra justificado como hijo de Dios: la simplicidad.

 

TODOS SEREMOS PROBADOS PARA SER ADOPTADOS – VOL. I

Pág. 38-39

La batalla

Dr. William Soto Santiago

Domingo, 5 de febrero de 1978

Cayey, Puerto Rico

En una ocasión un indio que se había convertido a través del ministerio del hermano Branham, vino y estuvo hablando con el hermano Branham, y él decía que dentro de él encontraba y sentía una lucha, una batalla; y él le explicaba, usted sabe, en forma simbólica: él decía que dentro de él había una batalla de dos perros, y él decía que uno era blanco y otro era negro; y él decía que esos dos perros ahí dentro de él estaban batallando, estaban luchando; y entonces el hermano Branham le preguntaba: “Y la batalla ¿cómo va? ¿Cuál de los dos está ganando la batalla?”. Entonces, me parece que era el indio que le decía: “Bueno, todo depende de parte de cuál de ellos dos yo me ponga”.

Si se pone del lado del perro blanco, entonces la batalla estaría a favor del perro blanco; pero si se pone del lado del perro negro, la batalla entonces estaría a favor del perro negro. El perro negro, usted sabe que el indio quería significar con eso que el perro negro era el diablo, y el perro blanco era el Señor, era Dios. Y entonces este indio o este jefe indio sentía esa lucha y esa batalla, así como nosotros la sentimos.

Pero estemos del lado del perro blanco, estemos del lado de nuestro Dios, estemos del lado de Su Palabra; y siempre con un “¡Amén!” a lo que Dios dice en Su Palabra, y con un: NO, rotundo, en contra de toda cosa que el diablo quiera hacernos creer, o hacer que nosotros aceptemos, o hacer que nosotros hagamos.

Y aunque usted se sienta como que la batalla es tan dura que usted piense que la batalla va a ser perdida en su vida, siga hacia adelante siempre, y póngase siempre del lado de la Palabra de Dios. Y aun, aunque cometa errores o faltas, nunca en su corazón acepte esas cosas como parte suya. Aunque caiga en alguna ocasión en faltas o errores, usted reconozca que es por causa que estamos todavía en estos cuerpos terrenales; y por estar en estos cuerpos terrenales, por eso el diablo por ahí puede meterse, para hacer que nosotros caigamos en faltas y errores; y esa es la parte débil de cada hijo de Dios que le queda aquí en la Tierra.

Por lo tanto, no importa las veces que usted cometa la misma falta: arrepiéntase de ella.

 

CUANDO LA FE ES UNGIDA

Dr. William Soto Santiago

Domingo, 10 de abril de 1977

Servicio de Carpa,

Cayey, Puerto Rico

¿Ve usted que primero los Truenos tienen que pronunciar sus voces? Y entonces habrá un grupo que podrá tomar esa Palabra de los Truenos, ese Mensaje de los Truenos, y colocarlo bien, tenerlo bien colocado; y entonces podrá cortar, podrá partir, podrá hacer todo lo que Dios ha prometido que va a hacer a través de ese grupito. O sea que será Dios a través de carne humana que podrá hacer todo lo que Él prometió que habría de hacer.

Menospreciar, rechazar o blasfemar en contra de ese grupito, es algo triste. Es lo mismo que Dios dijo con relación a Israel: “Los que te bendijeren, serán benditos; y los que te maldijeren, serán malditos”. ¿Ve usted?

Y ahí entonces se cumplirá: “Cualquiera que diere un vaso de agua fría a uno de estos mis pequeñitos, no perderá su recompensa”. Y en el Juicio Final entonces aparecen también aquellos que son colocados a la derecha, y ellos preguntan: “Bueno, ¿y por qué estamos aquí? ¿Por qué Tú dices que cuando tuviste hambre te dimos de comer, cuando tuviste sed te dimos de beber?”. Él les dice: “Por cuanto lo hiciste a uno de estos mis pequeñitos, a mí lo hiciste”.

¿Ve usted que cuando se falla contra Dios, o cuando se habla contra Dios, o cuando se blasfema contra Dios, o cuando uno se rebela en contra de Dios, es cuando uno se rebela en contra de aquellos que su fe ha sido ungida, y que son los instrumentos de Dios para ese tiempo? Porque Dios está en esos velos de carne. Hablar una palabra en contra de ellos, es hablar en contra de Dios; hablar a favor, es hablar a favor de Dios. Darle de comer a uno de esos pequeñitos, es darle de comer al Señor; no darle de comer cuando ellos necesitan, es no darle de comer al Señor. Y todo tiene su recompensa.

La recompensa de los que den a Dios a través de carne humana, y actúan correctamente, la recompensa es muy grande, es una bendición muy grande; pero la recompensa para los que no actúan correctamente, sino que se rebelan en contra de ellos, su recompensa es muy triste; es algo con lo cual ellos no están conformes cuando la van a recibir, pero el Señor les dice: “Bueno, cuando hiciste a uno de estos pequeñitos, cuando hiciste algo en contra de ellos, contra Mí lo hiciste. Cuando no hiciste algo a favor de ellos, pues no lo hiciste a favor mío”.

Ahora, mire usted la hora en que estamos, mire usted las personas que van a recibir bendición a causa de su buen comportamiento con relación al grupo escogido del Señor. Mire también la tristeza que habrá para algunas personas por su comportamiento malo con relación al grupo escogido del Señor.

Ahora, vemos que cuando Dios estaba en medio del pueblo de Israel a través de Moisés, y usando a Moisés para beneficio del pueblo, bueno, no había atracción en ellos, porque como todas las demás gentes, como todas las demás naciones, pues encontramos que tenían sus partes malas. ¿Ve? Y el diablo, pues, era el que estaría entonces tratando de desalentar al pueblo por las partes malas, las cosas malas que tenía el pueblo; pero Dios dice que los miró desde la Peña, y no vio en ellos falta. ¿Ve?

Por lo tanto, si Dios los miró desde la Peña, desde la Cima de la Montaña, pues Dios no encuentra falta en ellos; entonces por eso es que Dios tiene una forma para arreglar las partes malas que nosotros tenemos. La tenía allá en aquel tiempo y la tiene hoy.

Pero Dios cuando mira a Su pueblo, Él lo mira desde la Cima del Monte. Cualquiera que se ponga, de afuera, cualquiera que se ponga a criticar las faltas que tengan los hijos de Dios, cualquiera que haga eso, se busca tremendo problema; porque el que los bendiga, será bendito; el que los maldiga, será maldito. Así que más bien nuestras faltas, nuestros errores, los arreglamos nosotros entre nosotros mismos, conforme al plan y al orden que Dios nos ha dado para arreglar todo eso. ¿Ve?

Y cada uno de nosotros: como fiel hermano el uno con el otro. Nuestras faltas, aunque las conozcamos el uno del otro, las dejamos quietecitas y no las sacamos para afuera, al mundo, para que nadie de afuera tenga derecho a señalar las faltas que tengan los hermanos. Cualquiera que la saque fuera se ha buscado tremendo problema con Dios también. Sacarlas fuera de nosotros, si la sabemos nosotros, pues eso no… Más bien, pues eso es asunto acá entre hermanos; pues nosotros mismos sabemos que tenemos nuestras faltas y que no podemos tapar (como dice la gente) no podemos tapar al cielo con las manos. Yo las tengo, usted las tiene, todos las tenemos; pero nos encomendamos al Señor el uno al otro.

Sabemos que aun con nuestras faltas, con todo y eso, sabemos que somos el pueblo del Señor. Y Él, que nos escogió ¿no sabía que habríamos de tener nuestras faltas? Pues claro que lo sabía. Pero con todo y eso Él dijo: “Estos son mis hijos”. Y como estamos en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Amor, el Amor cubre multitud de pecados.

Por lo tanto, entonces, aunque nos conozcamos el uno al otro, aunque sepamos nuestras propias faltas el uno del otro, no es motivo para criticarnos el uno al otro. Porque cuando usted señala la paja que tiene su hermano, es porque usted debe tener alguna viga. Entonces aquí, pues, ninguno podemos tirarnos piedras el uno al otro, porque el que más y el que menos, tiene su falta.

Pero cada uno esperamos que el Señor, a medida que vamos arreglándolo todo, tenga misericordia de nosotros; y eso no esté registrado delante de Dios, sino que haya sido echado al mar del olvido; por lo tanto, entonces lo que hacemos aquí es ayudarnos el uno al otro. Así que nadie aquí se hace más santo que el otro.

Aquí lo único que podemos hacer y proclamar es, lo único que podemos decir es: “Dios ha sido misericordioso con nosotros”. Porque el que más o el que menos, se merecía el infierno; pero por la escogencia de Dios, pues las cuerdas nos han caído en lugares deleitosos y grande es la heredad que nos ha tocado, porque Él tiene misericordia de quien tiene misericordia, y ha tenido misericordia de nosotros. Y si eso no es algo grande, entonces yo no sé lo que es algo grande para nosotros.

Impreso en Puerto Rico